Cuando empecé a trabajar más profundamente con inteligencia artificial, una de mis primeras preguntas era qué herramientas utilizaba cada equipo. Hoy esa pregunta me interesa mucho menos.
No porque la herramienta sea irrelevante, sino porque casi nunca explica por qué un proceso funciona mal.
La pregunta que ahora hago primero
Me interesa saber qué ocurre después de una reunión, quién prepara una propuesta, cómo llega un brief a marketing, cuánto tarda una persona en encontrar un dato o por qué el CRM queda desactualizado. Esas preguntas aterrizan la conversación. Hablar de ChatGPT, Copilot, Gemini o cualquier otra plataforma sin ese contexto suele producir una lista de posibilidades, pero no necesariamente una mejora.
La herramienta puede cambiar; el problema permanece
Las herramientas cambian rápido. Los procesos de una empresa cambian mucho más despacio. Por eso prefiero diseñar una lógica que siga teniendo sentido aunque dentro de seis meses la organización cambie de modelo o de proveedor. Si el workflow está bien estructurado, la tecnología puede sustituirse.
Si el proceso está mal diseñado, ninguna herramienta va a rescatarlo de forma sostenida.
Lo que busco cuando hablo con un equipo
Busco fricción observable: copiar y pegar, esperar respuestas, rehacer documentos, buscar información, resumir, clasificar, actualizar, perseguir aprobaciones. También busco responsabilidad: quién usa el resultado y quién decide si es correcto. Cuando encontramos ambas cosas, la IA deja de ser una conversación abstracta y se convierte en una herramienta dentro de un sistema de trabajo.
La consecuencia para LABAC
Esa forma de pensar es la razón por la que nuestros workshops no empiezan enseñando funciones. Antes hacemos diagnóstico, seleccionamos procesos y preparamos ejemplos. Durante la sesión, la IA es un componente del workflow, no el protagonista. Mi objetivo es que el equipo recuerde una forma mejor de trabajar, no el menú de una herramienta.
La pregunta que recomiendo copiar
Si alguien te propone una solución de IA, pregúntale: “¿qué proceso concreto vamos a mejorar y cómo sabremos que funciona mejor?”. La calidad de la respuesta te dirá mucho más que una demo espectacular.
Preguntas frecuentes
¿Entonces la herramienta no importa?
Sí importa, pero después de entender el proceso, los datos, los permisos y el nivel de riesgo.
¿Por qué empezar por procesos?
Porque permite comparar antes y después y evita que el cambio dependa de una plataforma concreta.
¿Qué suele revelar una discovery bien hecha?
Fricciones pequeñas pero repetidas: reuniones, briefs, propuestas, reporting, búsquedas y seguimientos.

